El histórico reloj del Centro Cívico volvió a demostrar que el tiempo no solamente se mide en horas, sino también en recuerdos, descubrimientos y emociones.
Este lunes 26 de octubre, el Paseo del Reloj alcanzó su visita guiada número 300, con los chicos de la Escuela N° 44 de Puerto Moreno como protagonistas de una jornada que celebró nuestra identidad.
El Paseo del Reloj alcanzó su visita guiada número 300 y lo celebró de la mejor manera: abriendo las puertas de nuestra historia a una nueva generación de barilochenses, demostrando que el pasado sigue más vivo que nunca cuando se comparte, se descubre y se transmite.
A las 13:45 horas, los chicos de la Escuela N° 44 de Puerto Moreno fueron los protagonistas de este encuentro con el tiempo. Entre miradas de asombro, curiosidad y ganas de aprender, los estudiantes participaron de una experiencia que los acercó a uno de los símbolos más reconocidos de nuestra ciudad. Porque conocer el reloj del Centro Cívico no fue simplemente visitar un monumento: fue encontrarse cara a cara con una parte de la historia de Bariloche.
Pero hay dos momentos del día en los que la magia se multiplica y el corazón de la ciudad parece latir con más fuerza. A las 12 y a las 18 horas, las campanadas anuncian uno de los espectáculos más queridos y fotografiados de Bariloche.

Vecinos, visitantes de distintos puntos del país y turistas del mundo entero se reúnen en la plaza, levantan sus miradas y preparan sus cámaras para contemplar la aparición de cuatro figuras históricas que giran al ritmo de una tradición que continúa emocionando a grandes y chicos.

El Habitante Originario, el Misionero, el Conquistador y el Labrador aparecen desde la torre para protagonizar una representación de las distintas etapas de la historia regional, tal como fueron interpretadas en la época de construcción del Centro Cívico. Son cuatro figuras de madera que, acompañadas por el sonido de las campanas, convierten unos instantes del mediodía y de la tarde en una postal que atraviesa generaciones. Un espectáculo que reúne a decenas de personas y que sigue despertando sonrisas, admiración y ese entusiasmo tan particular de quienes descubren algo por primera vez.

Detrás de ese espectáculo también se esconde una historia extraordinaria. El Centro Cívico fue inaugurado el 17 de marzo de 1940, mientras que el reloj, fabricado en Alemania en 1933 por la firma Weule, fue instalado entre 1940 y 1941. Su maquinaria, su péndulo, sus engranajes y el trabajo de los relojeros que lo cuidaron durante décadas conforman un legado que merece ser conocido, protegido y transmitido. Cada pieza cuenta una historia y cada campanada recuerda que el patrimonio de una ciudad también se construye con las manos y el compromiso de quienes lo mantienen vivo