Una vía terrestre de la importancia que tiene la Ruta Nacional 23, uniendo los Andes con el Mar, vuelve a estar en total abandono como en los años 90.

La noticia de las últimas semanas, ha sido el desvío sobre el arroyo Nahuel Niyeu, donde una de las tantas crecientes se llevóel puente varios años atrás, a unos 120km de la Ruta Nacional 3, cortándose por más crecientes del mismo arroyo en los últimos días.

Pero eso no es todo. Desde el cruce de la R3 hasta la zona de Ramos Mexía, sobre las banquinas está lleno de pequeños alpatacos (pinches que perforan la cubierta), sin señalización.
Al no tener mantenimiento desde hace varios años, los pozos comienzan a ser más grandes, y con las intensas lluvias se ha lavado el magro asfalto, son tapados con greda por el personal de Vialidad, como pueden, ya que desde Vialidad Nacional “no llega el material asfaltico”.

Pero peor se pone al ir avanzando y llegar a la zona de Maquinchao y ni hablar del tramo que va de Clemente Onelli a Comallo.

El tramo de 30km de ripio, entre Comallo y Dina Huapi, lo mantienen como se puede, pero este fenómeno climático de intensas lluvias lo convierte en una pista de “safari”, con el peligro metro a metro.

A raíz de la apertura de canteras en zona de Jacobacci, el tránsito de camiones es más intenso, sin controles de peso, se fue rompiendo día a día todo el trazado, hasta el cruce con RN 3.

No estamos en contra del progreso, pero no solo están las “abandonadas” rutas nacionales 22 y 151, que hoy son fundamentales para “Vaca Muerta”, sino también está la Nacional 23, que todos los días se anota un accidente mas en su haber.