Adiós a Hugo Jung

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Los periodistas no escribimos en primera persona. Siempre (o casi siempre), contamos, describimos y relatamos hechos de otra gente, sucesos que le pasan a personas que generalmente no conocemos, a vecinos, a anónimos o por qué no, a famosos o personalidades destacadas.

Por lo tanto, escribir estas líneas desde la perspectiva intima, subjetiva, desprovista de una mirada imparcial, es complicado. Pero la partida de mi abuelo Hugo Jung, lo amerita. Amerita hacerlo a corazón abierto y desprovisto de estadísticas, datos o una reseña histórica.

Huguito era mi abuelo y lo va a ser siempre. Aunque lo curioso del caso es que para todos los demás que lo conocieron, era tan querido como por su familia. ¿Por qué? Por su personalidad, su don de gente, su trabajo, sus hobbies, sus chistes, su buen humor, por ser una persona noble, íntegra, pero por sobre todas las cosas, sincera y honesta.

Barilochense hasta la médula, siempre amó la montaña, los trenes, los fierros, que eran sus pasiones. La primera, lo marcó de por vida. Desde aquel día que a los 19 años se asoció al Club Andino no paró más. Bueno sí, hasta que su cuerpo le dijo basta. Pero nunca dejó de soñar con una próxima salida, una nueva caminata.

Ese espíritu montañés contagiaba, como cada cosa que hacía con gusto. Durante toda su vida, la mayor parte del tiempo libre lo utilizó para conocer cuanto rincón de naturaleza nos rodea. Además, le gustaba enseñar y formar a más personas en todas y cada una de sus pasiones.

En cada actividad que eligió hizo amigos. Pero muchos amigos. Gente que lo quiere de verdad y con cada persona cosechó, por lo menos, una anécdota divertida, un relato, una vivencia.

Sin embargo, el libro de la vida tiene escrita en su última página, el triste capítulo de la muerte. Ese spoiler que todos somos conscientes que llegará, pero que no sabemos cómo ni cuándo. Hoy puedo decir orgullosamente que no conocí otra persona que amara vivir tanto.

Su cuerpo se fue, pero dejó su recuerdo y su legado en -me atrevo a afirmar-, cientos de personas. Muchas de ellas, en este último tiempo, producto de su frágil estado de salud, pudieron devolverle con charlas, visitas, acompañamientos y mensajes, tanto cariño por él brindado a lo largo de sus muy bien vividos 95 años.

Por eso puedo decir felizmente, que se fue lleno de amor y de cariño, todo eso que sembró en cada paso que dio. Seguramente ya debe estar “mintiendo”, con sus compinches de toda la vida: Víctor Enevoldsen, Henry y Relly David, “Cartón” Benavidez, «Chulengo» Lamuniere, Pablo Rosenkjaer, Antolín, los hermanos Frattini, su hermano Otto y por supuesto, su compañera de ruta, Violeta, quien lo debe haber recibido con los brazos abiertos y reprochándole que tardara tanto en llegar a su encuentro.

Todos juntos, ya deben estar compartiendo un chucrut, un asado, un strudel, un vinito y una buena comilona.

Huguito: hoy nos toca despedirte con tristeza a los que nos quedamos acá abajo. Pero satisfechos, sabiendo que viviste como pocos y que nos dejaste una marca imborrable en nuestros corazones. Te vamos a extrañar.

Diego Llorente

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