Sin dudas, el Bariloche del principio se ha ido para siempre.

Aquel de los pioneros, tan pobres como esforzados y llenos de esperanza, que sin tanto avance tecnológico como hoy, parecen hasta sobrepasarnos en las capacidades de realización que hicieron de éste lugar el hermoso producto que hoy todos disfrutamos. Si a pocos les interesa conocer el desarrollo de los orígenes, en esta especie de fiebre de crecimiento, todavía deben recordar los años 70 cuando todo parecía darse vuelta. Un país que de una paz tradicional pueblerina y previsible a la insensatez criminal e institucionalizada.

Del granero del mundo, orgulloso de asistir con alimentos a los países amigos o necesitados por catástrofes, donde todo era un canto al trabajo, cuando abríamos las fronteras a la inmigración de nuestros vecinos y del mundo, para ocupar tanto espacio vacío. Un país en que se premiaba a la productividad y se castigaba la especulación. Y éste Bariloche nuestro, también comenzó a mostrarnos otra cara a partir de entonces. Como nunca antes, ni después tampoco, en los comienzos de los 70 movió cifras para el asombro por sus fronteras, su antigua estación ferroviaria la misma que  trajera los continuos contingentes turísticos en los recordados trenes  Arrayanes y Lagos del Sur, hoy guardados en los mejores recuerdos de aquellas generaciones, llegaban a saturar la capacidad de carga de las plazoletas aduaneras, con diez empresas de transporte internacional de cargas funcionando a pleno. A finales de los 70, Bariloche cambiaba sus exitosas temporadas de verano por la de invierno, y todo lo que ahí derivó.

El pavimento, había reemplazado las huellas por donde habían llegado los pioneros, la conocida ruta 237 se cambió 3 veces su trazado sin realizarse nunca por Rio Negro y dejando cada vez más lejos la extensión del tras andino por nuestra zona como soñaran Bailey Willys y Capraro.

Bariloche duplicó, triplicó y multiplicó su población, jugando con un turismo que estancaba su producción con tanto peso poblacional, aislando de manera poco creíble al declamado turismo. El testimonio de los pioneros, seguramente declaman un Bariloche diferente.