José Antonio Balseiro, nació el 29 de marzo de 1919, es uno de los grandes responsables de la creación del entonces llamado “Instituto de Física de Bariloche”. Creado el 22 de abril de 1955 por un convenio entre la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), inició sus clases el 1 de agosto de ese mismo año. Esta institución, desde sus orígenes, propuso becar a todos sus estudiantes para que se dedicasen prioritariamente al estudio.

El primer director de este instituto de educación universitaria pública creció en su ciudad natal, Córdoba, y más adelante se mudó a la ciudad de Bariloche para cumplir un sueño compartido principalmente con sus colegas Enrique Gaviola y Mario Báncora. Ese sueño era crear un lugar de enseñanza de la física referente a nivel nacional e internacional, alejado de las grandes capitales y con profesores que fueran investigadores o tecnólogos en laboratorios o grupos en el mismo entorno.

En la actualidad, con una oferta académica que incluye cuatro carreras de grado y siete de posgrado en distintos campos de la física e ingeniería, el instituto que imaginó José Balseiro seguramente sobrepasó sus expectativas. Si uno tomase una fotografía espontánea de este lugar, podría ver que hoy tiene unos 130 alumnos de grado, 75 de maestrías y 100 de doctorados. Su plantel docente está compuesto por casi 200 referentes de la ciencia y la tecnología, y su personal de apoyo académico consta de unos 40 profesionales.

En el plano personal, José Balseiro también dejó un gran legado: junto con su esposa “Covita” tuvo cuatro hijos, que les dieron 11 nietos y siete bisnietos. Algunos se dedicaron a la ciencia, incluyendo la física, la biología y las matemáticas, y otros buscaron sus caminos por distintas ramas del arte, como la arquitectura, la música, el cine, la televisión y hasta la cocina.

En La Plata conocería al científico Guido Beck, que había llegado a Argentina en 1943, y con quien luego trabajaría en el Observatorio astronómico de Córdoba, de 1945 a 1947. En Argentina en esa época el campo de la física estaba aun en ciernes. Balseiro defendió su tesis doctoral en 1944 y cuatro años después se casó con María Mercedes Cueto, “Covita”.

Su primera hija, Beatriz había nacido en 1949 y su hijo Carlos nació mientras él estaba en Gran Bretaña, en 1951. Ese mismo año, en Europa, José Balseiro asistiría al congreso internacional de física realizado en Copenhague, donde conocería a físicos como Niels Bohr, y a la Reunión Internacional de Física en representación de la Asociación Física Argentina, fundada en 1944.

En 1952, tres años antes de la creación del ahora llamado “Instituto Balseiro”, el físico cordobés fue llamado por el gobierno argentino para regresar de Argentina, desde Manchester: debía integrar una comisión investigadora del proyecto de la Isla Huemul. La historia está rodeada de mitos y quizás no es ampliamente conocida a nivel nacional por el público general. En síntesis, el científico austríaco Ronald Richter había afirmado que había logrado generar la fusión nuclear (cuando dos átomos “unen” sus núcleos y liberan energía, a diferencia de la fisión nuclear, que es cuando un átomo se divide en dos). Esa tecnología no era dominada por ningún otro país en ese entonces y se habían invertido millones de pesos del Estado nacional en ese proyecto.

A fines de 1952, Balseiro fue designado director del Instituto de Física de la Universidad de Buenos Aires. Los cursos de verano para estudiantes de física, organizados en las instalaciones del actual Centro Atómico Bariloche, que se realizaron con éxito entre 1954 y 1955, mostraron la factibilidad de cumplir el sueño de un instituto de investigación y docencia en esta ciudad austral.

En 1958, José Balseiro fue designado director del Centro Atómico Bariloche y confirmado como director del Instituto de Física. Tenía 39 años de edad. En 1959, fue elegido presidente de la Asociación Física Argentina y en 1961, miembro correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba y también de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Buenos Aires, entre tantos otros reconocimientos de aquella época.

El 26 de marzo de 1962, los 42 años, en pleno auge de su vida familiar y profesional, José Balseiro falleció en Bariloche a causa de una leucemia. Sus ex alumnos, muchos de ellos ya egresados (la primera promoción de físicos se recibió en 1958), y sus colegas docentes e investigadores o tecnólogos, no dudaron en “tomar la posta” y en continuar trabajando para sacar adelante su proyecto. Ellos también propusieron ubicar su tumba en el mismo predio del instituto.

Foto: Gentileza Archivo Histórico CAB-IB / Biblioteca Leo Falicov