Editorial

El migrante ser humano

Hoy, ya entrados al siglo XXI, escuchamos sin mayor asombro tratar con descontento a los nuevos migrantes, que llegan a radicarse entre nosotros, y aun peor trato vemos en países sacudidos por guerras que en algo podrían justificar un cambio de este tipo.

Poco importan sus cualidades familiares, sus necesidades o los beneficios que puedan ofrecer a la sociedad que los recibe…

Es más, se ha encarnado que entre nosotros la Constitución Nacional que reconoce el derecho a trabajar, como uno de los fundamentales entre los denominados “derechos humanos básicos”, no nos alcanza ni debería alcanzarnos, con sus sabias y fraternales previsiones.

El mejor ejemplo entre muchos más, el reciente conflicto para solucionar a inversores improvisados que no repararan en la variación de la moneda extranjera; queriéndose hacer pagar la diferencia al pueblo argentino, en favor de la empresa extranjera. El trabajador con hambre y necesidades, que las siga teniendo, al comerciante extranjero en cambio, protección.

Sin dudas también, aquel pensamiento bastante xenófobo inserto en la Constitución del ’53, que favorecía la migración europea, pensamiento sostenido, hasta hace pocos años, cuando se trajeran argelinos de origen francés, rechazados en la propia Francia, o de Laos arrasada por EE.UU, a los que se les brindo hasta créditos, como no se hizo con migrantes suramericanos de nuestra propia lengua y raza, tal vez por razones humanitarias, suponemos, con los desposeídos de las guerras de la Indochina y parecidas, masacradas en aras de una Democracia que nunca habían conocido sus pueblos, que era buen argumento para apropiarse de los mismos, por las potencias custodias de todo, o como las calificó Fidel Castro referente a los bombardeos atómicos a ciudades abiertas de Japón, “los dueños de la Vida”, como valor financiero.

Y mucho de todo esto estamos viendo entre nosotros, al lado y más allá, en tierras americanas, explotada desde siempre, desde que el español, con su religión y sus noblezas arribó y se apropió de ellas.

Desde entonces creemos no cambio para nada la explotación de recursos y vida suramericanos; hoy la realidad nos convierte en espectáculo mundial de huida desesperada de sus países hacia EE.UU., donde cualquiera puede presumir lo que ocurrirá, con lo ya conocido hasta hoy en el cementerio marino entre la brillante Europa, y la tierras arrasadas de África; y aun así se los empuja hacia allí, mientras nuestro país  y muchos más siguen vacíos, y llenos de recursos a la espera de un desarrollo armónico merecido

Salvo el Papa argentino, criticado por “los más buenos” y algunos más, han expresado su protesta humanitaria en tanto siguen las masacres.

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