Editorial

La verdad, es lo que lógranos convencer a los demás  (*)

Por momentos parecería que estemos viviendo una película con personajes y escenario más que conocidos, en que un drama sucede a otro, sin muchas corridas, ni aunque el traspié que vemos incurre el propio personaje malo de la película, que antes nos concediera una especie de las muchas “maldades” que el personaje comete para con nosotros u otros que soporten su mal comportamiento.

Pareciéramos estar viviendo un espacio que notamos difícil, con necesidad de inmediato arreglo, y nada nos convoca a enmendarlo

Así sumamos una justa queja a la otra, un día malvivido a otro, mientras vemos al resto en igual situación, en temas de una  realidad que nos golpea un día y otro; a veces con indiferencia extraña.

Y por ahí nos preguntamos o tal vez quisiéramos hacerlo, ¿está ocurriendo todo esto?

Porque no nos sentimos participes, y sin embargo nos envuelven sus consecuencias, y las vemos en derredor.

Además con cambios impensados un día antes con casos que a su vez, envuelven en dramas de vida a muchos argentinos, u otros que ofenden la hermandad patriótica fundacional, casos en que de repente somos enemigos de países hermanos latinoamericanos, pero enemigos de promover llevar a sus pueblos guerras de exterminio, porque así lo quieran potencias centrales, en sus interminable sostenida lucha de avaricias por más ganancias a costa de sacrificar generaciones para ello.

O medidas drásticas, cuasi inhumanas contra millones de argentinos que no tiene otra protección que sus creencias religiosas, o el Estado, que no solo los ataca sino que se alaba poseído como responsable de todos los males contra sus situaciones que agravian innecesariamente la  sociedad argentina.

La misma de Yrigoyen, por ejemplo, que sostenía, para que entendieran algunos antepasados  de funcionarios actuales que insisten en este descalabro los “Argentina no está con nadie, ni contra nadie, esta con todos por el bien de los Pueblos”; afirmando una neutralismo alabado para naciones europeas, y desconocido por una gestión en crisis, sin que nadie se asombre tampoco.

De repente incluso los creadores del Capitalismo, parecen malos maestros entre nuestros notables economicista que podríamos suponer sepan sumar y restar, hasta resolver algún problema de regla de tres simple. Ahora que sin generar trabajo, la producción económica pueda existir y menos aun crecer y desarrollarse, ya parece otra cosa que un borrador de economía o que favoreciendo la importación de lo mismo que producimos y nos caracteriza en el mundo, o hasta el armado de elementos electrónicos, que no eran marca nacional (que obviamente se importaba); pero, si pero generar mano de obra nuestra y ocupación territorial de los argentinos en el esfuerzo diario, porque es muy fácil ser teóricos de importantes universidades, con  sobrada comodidad, hay que vivir en esas zonas para que pueda desarrollarse alguna economía en serio.

Alguien pueda entender que estemos cerrando instalaciones de usinas nucleares, o fábricas de agua pesada, siendo uno de los cinco países en el mundo que lo puedan hacer?

 

(*) Voltaire

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