El mundo del automovilismo despide con un dolor inmenso a Dante Pelayo.
Un apasionado de las carreras, de los fierros, de los desafíos y de perseguir sueños hasta hacerlos realidad. Dante no solo dejó su huella arriba de un vehículo, también la dejó en cada persona que compartió una carrera, un viaje, una asistencia, una charla o un momento junto a él.
Tuvo la enorme satisfacción de cumplir uno de sus grandes sueños: correr el Dakar, llevando su pasión al lugar más alto y demostrando que con esfuerzo, coraje y amor por este deporte, los sueños se pueden alcanzar.
Pero más allá de las carreras y de todos sus logros, quienes lo conocieron saben que lo más importante fue la persona que fue: un gran hombre, compañero, amigo y, sobre todo, alguien profundamente unido a su familia.

Hoy queda un vacío enorme dentro de esta gran familia del automovilismo, pero también queda un legado lleno de historias, caminos recorridos, motores, kilómetros, sueños cumplidos y recuerdos que jamás se van a borrar.
Cada vez que ruja un motor, cada vez que se largue una carrera y cada vez que alguien salga a perseguir un sueño, seguramente habrá un pedacito de vos acompañando desde algún lugar.
Hasta siempre, Dante!!!La familia del 4×4 y deporte motor acompaña en este momento.
Que descanses en paz y que tu pasión siga corriendo para siempre